ABCD berri bat (Un nuevo ABCD) PDF Imprimir E-mail
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UN NUEVO ABCD

Amanece,

cae la nieve,

dos luciérnagas me sorprenden,

un barco traga su luz,

un silbido cambia su rumor.

Rara fue esta noche

que me dejó sabor dulzón.

¿Será que cambió de olor?

O,¿será

que el tiempo se esfuma

y la luna se escapa,

sin, siquiera,

enviarme

un adiós?

Amanece,

cuaja la nieve,

un pájaro moja su pico

y mira si aún sigue ahí su nido.

Después, un destello incandescente,

un murmullo incontenido,

un coleteo despavorido

y, ¡tac!,

todo comienza de nuevo,

así,

como de repente.

Amanece,

se apega la nieve,

y, de pronto,

ya no me acuerdo de quién soy,

qué hice ayer,

cómo se abre esta fuente

de vida corriente.

Amanece y sólo sé

que es hoy.


B ostezo y me invitas a café.

-Café no tomo -te indico,

y entonces me ofreces un té.

-Té no tomo -te explico,

y entonces me preparas un cacao.

-¿En taza o en vaso? -me preguntas.

-Da igual

No obstante, tú buscas una taza blanca, muy blanca,

una taza que trajo tu tía Blanca

de aquella excursión

a la que los niños no podíais ir

y sonaba a tanta diversión.

Pero la taza se esconde.

Acaso se aloje en la despensa del olvido.

La cuestión es que no aparece.

-¡Diantre!

-Tendrá que ser en vaso -te excusas.

Y yo te repito:

-Da igual.

Pero tú vuelves y buscas aquel otro vaso que trajo tu mamá

de la tienda del tío Pepe

cuando se cayó tu primer diente.

Pero ese vaso tampoco aparece,

y tú te entristeces:

-Pues tampoco podrá ser.

-¡Diantre!

Y yo te repito:

-Da igual.

Sin embargo, no quieres resignarte

y sigues buscando en otro lugar, en otra parte.

Se oye un reloj,

tic-tac, tic-tac,

din-don,

tintineo de segundos,

campanadas de honor.

Miro a mi alrededor

y, entonces, sacas un tazón

de esos que salen

en los anuncios de la televisión.

Y me ofreces ese tazón lleno de leche con disfraz de cacao.

Y yo te digo:

-Gracias… abuelo.

Y tú me contestas:

-De nada. Mira,

ya sale el sol.


Cierro el grifo de este nuevo estadio

y, de paso,

el de este lado norte del mundo

en el que el agua no deja de manar.

Miro la farola

detrás del cristal.

Apaga su sombrero,

no quiere pensar más.

Sus hermanas la imitan:

tic, tic, tic, tic, ¡a descansar!

La calle se vuelve gris blanca,

como si ahora fuera otro lugar.

Sólidos y líquidos compiten en los tejados,

gotas de invierno se vuelven chorros de inquietud.

-Ya alarga el día -me comentas.

No sé qué contestar.

Sigo en la ventana del fregadero,

quieto,

en este punto y aparte del ser y estar.

Es mi primer día,

el futuro… ya se hará.

Eso decían en mi pueblo…

Lanzo mi mirada justo allá…

y salto en el tiempo,

como queriendo

correr hacia entonces,

hacia aquel espacio,

sala del recuerdo

donde el niño empieza a ser más.

Juego a la lotería de los posibles

para añadir potencial a lo que, ya, de por sí, está.

Ir y dejar de ir,

para venir y empezar aquí con un poco de allá.

¿Fórmula para perdurar?

No hay vuelta, no hay respuesta,

por lo tanto,

alojo ese recuerdo un poco más allá,

para seguir columpiándome en el hilo del tiempo,

yendo y viviendo,

subiendo y volviendo,

no quedándome quieto, ya, más.

Voces lejanas llegan a mis oídos,

alma adentro,

como si, de pronto,

quisieran seguir creciendo conmigo y en mí,

¿Cómo será?

Polvo, arena, gente, nido, cobijo:

-Tú tienes mucha hambre de aprender

pero nosotros no tenemos pan para enseñar.

Eso dicen en el pueblo de mi recuerdo.

Eso dicen los personajes del pasado que dejé.

Memoria:

un estallido bajo mi frente,

y, después,

pedacitos...

La luna llena se ve aún más grande en la niña de sus ojos:

-Ahora te toca ir

y hacer del polvo tierra,

y de la arena salud, porvenir, felicidad.

-Ya volverás.

Recuerdo:

un impulso lejano,

y, después,

salpicones…

-Ya volverás…

Como esa luna que dio un bote y se hizo enorme,

y, luego, guardó su media parte,

y, al ser devorada por las estrellas,

vuelve a tomar forma

en la fuente de su fuerte.

-Ya volverás...

Como una nana lejana, a ritmo de juego,

donde se guarda la esencia de todo el que se sintió pequeño alguna vez:

Vio la nube y

el sol se escondió.
Vio al sol y
la nube se esfumó.

Un techo estrecho bajo un cielo gigantesco,

cuatro metros por cinco, la fortaleza de cada hogar:

-¡Quiero más!

-Pues no hay más…

Pieles secas, manos hechas,

donde el pueblo y el barrio

asumen la función de cuidar:

-Mamá y papá murieron en una reyerta entre bandos,

tú aún no sabías caminar…

Pozos remotos

adonde ir con mis amigos

a beber, estar, pelear.

-Ya volverás…

Pero, ¿de dónde? ¿A qué lugar?

Una mañana,

el remolino del tiempo me ofrece una pausa

junto a la estrechez del abismo.

Siento cómo el aire amarillo entra en el bolsillo

de mi ajado pantalón marrón.

Una turista despistada se acerca a mi puerta:

-Do you speak English?

-Yes, a little.

¿Algo está a punto de comenzar?

La mujer de pelo claro y cara blanca

trae una carta escrita en lengua cercana:

-¿Quieres volar? ?me pregunta.

Yo me quedo mudo, mirando su movimiento de manos, atento a su exposición.

-Esto… -me explica- si quieres, tienes familia esperándote allá lejos.

Si quieres.

Así me lo expone, mientras yo leo esa carta salpicada de nombres y lugares conocidos.

Y, de pronto, un impasse sólido surge en medio de un cruce de miradas

y el dibujo de un avión llena el desván de mi nueva memoria.

Un refugio desconocido se hilvana en el vientre de las preguntas

y un latido continuo se apodera del corazón de mis deseos.

-“¿Si quiero?” –me pregunto.

-Un señor lejano -sigue la mujer de ojos azules que habla en inglés-

que vino, amó, perdió

y volvió a su hogar.

Tu …abuelo.

¿Quieres volar?

Mi voz firma un pacto de silencio con mi muda garganta.

Un torbellino de pensamientos se condensa en un largometraje de cuatro segundos.

-“¿Mi …abuelo?” –me uelvo a preguntar,

en voz baja, muy baja.


Siento que todas mis entrañas piden a gritos

un nuevo inventario de vivencias ya imaginadas.

Alieno un deseo: “Conocer nuevos lugares”.

Llama a mi puerta el sueño de siempre: “Alguien que me enseñe más”.

Despierta en mí una ilusión conocida: “Mientras vuelo puedo ver el camino por donde voy”.

Y, seguidamente, habla el joven adulto de mi interior:

-Sí quiero –con afán de dar seguridad-.

Sí quiero que sea mi… abuelo.

Y, tras un destello de miradas, vuelve a hacerlo:

-Sí quiero –un poco más alto, como ahuyentado dudas-:

Sí quiero volar.

Ahora, el recuerdo se me desmenuza en la memoria,

cual si fuera aire dentro de una familia de nubes.

-El mar no deja de asombrar, ¿verdad?

Habla mi… abuelo,

como si quisiera atrapar mi alma y llegar a mí.

Siento en ebullición el momento presente

que busca un nuevo nombre para este amasijo de huesos,

voces y carne.

Vuelvo la vista hacia la línea celeste

adonde se dirigen sus ojos tras los míos.

Mi voz se cubre de un mudo abrigo

y se lanza a sostener al horizonte

para contener, así, todo lo factible, todo lo amigo:

Hilo azul cosiendo cielo y mar; un puerto donde habitar

Ahora son mis ojos lo que corren tras los suyos:

Barcos, cuerdas, amarres; nieve con olas de sed y sal

Me imagino en un avión

y miro desde arriba

con la vista andante

a dúo con la invención.

Abajo,

dos náufragos en el tiempo

pintan un ancla

a ritmo de ilusión.

Abajo,

dos pares de ojos ante una ventana

crean un instante

al son del mismo sol.

No obstante, aquí abajo,

el aliento tintineante de este presente vibrante

danza a ritmo de poniente

con sonido de cristal.

-Es por la sal,

se come toda la cal.

Dice mi …abuelo.

Afuera,

una ola salta la valla,

roba la poca nieve alojada

y la devuelve al mar.

-El desierto es como un mar seco, ¿verdad?

De nuevo mi … abuelo.

Pausa.

Viento.

Salitre y ventana a contratiempo.

Y, ¿si fuera verdad?

…desierto igual a mar…


¡Fiuuu! Suena el aire en movimiento.

¡ Flash! Salta a la comba la mar.

La marea quiere emigrar.

¿Adónde irá a parar?

¿Acaso a alguna luna de arena

que sueña con volver a ser corriente,

río, playa, océano, ola, fondo, tempestad?

¿O, acaso, a alguna duna

de luna

que nunca se despide

porque nunca se va?

…luna que nunca se despide porque nunca se va…

Sube la marea,

bajan mis párpados,

envío un mensaje,

puede ser verdad :

-Aquí no se está mal.

Baila la marea,

abro los ojos,

giro a la izquierda,

¿qué será?

Un ron-ron gime raro

encima de la sala de estar.

Vuelvo a la realidad.

…la luna no se despide porque no se va…

-Es Manuel, el de arriba,

que dibuja de noche y sueña de día,

y su gato Sifón que es como un sofá.

Bajarán más tarde,

con dibujos de lunas, olas y mares a medio acabar.

Seguro que te gustarán.

…la luna sigue adonde tú vas…

Sonrío y siento un escalofrío.

Oigo al fuego trepar.

-¿Tienes frio?

-Un poco…

Mi … abuelo me alarga su abrigo y echa un nuevo leño al hogar.

-Allí siempre es verano, ¿verdad?

-Verdad.


D omingo

dijiste que te llamabas.

-Como el día vago de la semana.

Yo no te entendí bien

pero sonreí una vez más.

Sonreí,

como quien encuentra al tiempo dormido en un cofre de cristal,

¡ábrite portas, clis, clas!,

lo abre

y descubre

que la lluvia es cielo derretido y la nieve agua que cambia de faz,

que el polvo es tierra que vuela y la sal una lágrima solar,

la felicidad un cúmulo de estrellas y el porvenir un laberinto al azar,

y , por lo tanto, se da cuenta

que ser de arena o ser de mar no es lo mismo pero da igual

cuando hay un lugar adonde volver, alguien con quien compartir y algo por recordar.

La luna va adonde tú vas.

 

 
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