MI CIUDAD
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Nací en la década de los 60 en un pueblo de 800 habitantes donde sólo en la escuela se hablaba castellano y ya se nos preguntaba si era mejor vivir en un pueblo o en una ciudad. Recuerdo que escribí una redacción al respecto, donde acababa preguntado “¿por qué no en los dos sitios?”.

Como no teníamos televisión, en la cocina de casa descubrí las múltiples costuras que unen las palabras, con el periódico abierto sobre la mesa y encima el cuaderno, mientras mi madre llenaba el suelo de hilos y de retazos de tela. Vivíamos en una casa grande, en el primer piso. Sobre nosotros, los dueños de la vivienda, nacidos en Argentina. Creo que todos ellos aparecen disfrazados en mi primer libro infantil Begigorritarren erlojua:

Tik-tak, goi-goian

tiki-taka, orratzek.

Din-don, behe-behean,

dinbi-danba kanpaiek.

Y es que el tiempo transcurre más despacio en la casa de tu infancia o de tu pueblo, que, bueno, ya no es tuya porque ya no existe, a no ser en la memoria de tu imaginación donde se mezclan olores y sabores con lo vivido, oído y percibido por lo que, con los años, una no sabe muy bien cómo fue en realidad, si fue la que soñó, la que quiso, la que vivió, la que le contaron o una ensalada de todo ello.

Mi padre, además de músico era buen contador de historias y anécdotas y a su vez, mi madre, una buena estratega que inventaba mil historias para que comiéramos las lentejas sin rechistar ni poner de mal humor a mi padre.

En la década de 70, según fui conociendo la escuela y otros pueblos más grandes, me percaté de la variedad lingüística de mis vecinos, mientras mi madre recogía el dobladillo a los vestidos. En la cocina de mi casa aprendí a bailar el vals y a cantar a dúo, y desde entonces la musicalidad de las palabras y el baile han pasado a ser una constante en mis escritos.

En la década de 80, mi madre continuó cosiendo sola, y yo comencé a escribir mis primeros recuerdos en las diminutas cocinas urbanas de los pisos de estudiantes.

Me alfabeticé y descubrí que el euskera también se sostenía en el papel: me ayudaron Joseba Sarrionaindia. Arantxa Urretabizkaia, Xabier Lete, Amaia Lasa... (1971):

Nereak ez diren

lurralde hauetatik

ihes egin nahi nuke.

Nereak ez diren ur hauek

alde batera

utzi behar ditut

Haitz sendoaren biribiltasunean

nire bizitzaren hitza

lortu nahi nuke

Biribiltasunean

sendotasunean

haitzaren gainean

a

e

i

o

u

berri bat esan nahi nuke.

Pero fue en la Escuela de Magisterio de Eskoriatza (hoy, Universidad de Mondragón) donde adquirió forma académica mi literatura aunque el teatro también me fue de gran ayuda. Me ayudó a vencer mi timidez y a descubrir los múltiples YO-s que se albergaban en mi interior.

Ya para entonces me había dado cuenta de que necesita unir –coser- mis trozos de vida: la enseñanza y mi individualidad, los niños y los adultos, lo rural con lo urbano, mi juventud con mi madurez... Fue una etapa en la que me volqué en la literatura infantil y juvenil, más que nada, porque había empezado a abrirme camino dando talleres de teatro que, poco a poco, se convirtieron en talleres de escritura. Comienzo a investigar, comienzo a construir, unir, integrar, jugar... Y la gente joven y un entorno didáctico me ayudan a mantener el ideal.

Sin embargo, en la década de 90, me siento desnuda. Mis roles de eterna joven ya no me llenan. Quiero construir mi casa, mi nuevo hogar, desde mi ser más interior, así que decido hacerme un nuevo vestido metafórico para emprender la nueva temporada. Costuras entre varias disciplinas (Bihozkadak, danza-poesía-teatro) y reflexiones sobre el ser mujer. El tiempo avanza, fallece mi padre, nace mi hija y yo me dedico a estudiar Antropología Social y Cultural:

En la década del 2000 decido compartir los patrones de mi vestido con mis compañeros, con el sueño de que estoy -estamos- recogiendo el dobladillo al nuevo milenio. El tiempo influye mucho, de hecho, la transmisión ha tenido gran influencia en mi educación moral. ¿Quién soy? ¿Soy la que quiero ser o la que los demás desean que sea? Yo también quiero una habitación propia.

Y, tal vez, con ánimo de demostrar que nuestra casa no sólo es de nuestro padre sino también de nuestra madre (gure aitaren eta amaren etxea) edito y publico mi primer libro de ensayo con la ayuda de Emakunde, Gatzaren atzetik. un repaso desde dentro de la aldea a los roles de los hombres y las mujeres y las relaciones que se establecen entre ellos tomando por ejemplo la versión euskaldun de La Cenicienta, Mari-xor, donde “la sal” –dinero, poder, riqueza– es el eje motor del cuento.

Y, ahora, precisamente, porque quiero que la Literatura no se me convierta en una simple vía de comercio, me sitúo en el camino hacia el disfrute de la misma, compartiendo el espacio del proceso creativo -aquella pequeña cocina de mi casa de pueblo- con la compañía (a veces) y la mente (siempre) puesta en mis actuales amigos y amigas soñadores, ya urbanos, pintores, escritores, músicos y dibujantes, en mi hija, y en mis futuros lectores y lectoras, reales e imaginarios, compañeros y compañeras de viaje.

 

Me he hecho una web: www.nitikgura.com (de mi a nosotros, o un nosotros desde cada mí)

Me he hecho una tarjeta: Nitikgura Hitzen arkitekturan / Arquitectura con palabras.

Puede decirse que ya soy, oficialmente urbana, emprendedora y “progre”.

Sin embargo, vivo en un pueblo de 8000 habitantes, en un piso alquilado, con varios vecinos inmigrantes, variables según el trabajo, y cerca de una ciudad que aspira a ser capital cultural europea del 2016. Me gustan los paseos sin objetivo, mitad mar, mitad acera, calle. Pero también me gusta retirarme a dormir a un lugar donde me saludan por mi nombre.

La incertidumbre de no pisar terreno fijo me acompaña desde siempre.

Por eso sueño, por eso escribo, para poner tierra a tanta realidad mareante.

Salba nazazu

eremu arrotz honetatik

Lur emadazu

hilotz bihurtu baino lehen

Atxiki nazazu

erabat ezabatu orduko

Besarka nazazu

une batez

ahantz dezadan

zer aske naizen!

 

 

Mi ciudad es una ficción en construcción

un recuerdo, un proyecto

un suelo, una balsa

un anhelo,

un rincón con velo o hielo,

un mosaico de agua

un quejido

una rima, un fa sostenido

una nana y un despido,

un suelo al que yo le pongo cielo

es pared, es huerto, es escalera y laberinto

Mi ciudad es lo que fui y lo que me imagino

y siempre un poco más

de eso… que siempre me olvido.

 

 

 

 
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